Casos prácticos

Tres casas, un día cualquiera. Esto es lo que se ve.

Ni funciones ni promesas: tres historias completas con la pantalla que sale en cada momento. Los importes son los que calcularía el producto, con sus céntimos.

Caso 1 · Una familia

El martes que no lleva nadie en la cabeza

Ana y Bruno, con Lucía (9) y Mateo (5)

Dos adultos que trabajan, dos niños con extraescolares y una casa que hay que llevar. Nada de esto es difícil por separado: lo difícil es acordarse de todo a la vez, y que se acuerde siempre la misma persona.

En treinta segundos

En una casa con niños hay unas cuarenta cosas vivas a la vez —la mochila de piscina, el dentista del viernes, el café que se acabó, los 84 € de la compra— y hoy caben todas en la cabeza de un adulto, que es exactamente el problema. Aquí cada una se apunta en diez segundos por quien la ve primero, y a partir de ese momento avisa sola a quien le toca. Lo que se compra no es una lista más: es dejar de ser la persona que tiene que acordarse.

Antes

  • La agenda del colegio vive en el móvil de Ana.
  • Los recados se pierden en el grupo de WhatsApp.
  • «Pensaba que lo hacías tú».

Un martes, hora a hora

  1. 07:40

    El aviso llega antes que la prisa

    La tarea se creó una vez, en septiembre, y se repite sola cada martes. Suena en el móvil de quien le toca esta semana —no en el de todos— con la hora a la que hay que salir por la puerta.

    • Se escribió una vez, en septiembre
    • Se repite sola cada martes
    • Suena solo a quien le toca
  2. 11:15

    Se acaba el café y ya está apuntado

    Dos toques desde la cocina, con la puerta del armario todavía abierta. La lista es de la casa y no de un móvil, así que quien pase por el súper esta tarde la lleva entera sin preguntar nada por WhatsApp.

    • La lista es de la casa, no de un móvil
    • Lo que baja del mínimo se propone solo
    • También se dicta en voz alta
  3. 17:00

    La cita del dentista la ve toda la casa

    Se apunta una vez y aparece en la semana de los dos, al lado de la piscina del martes y de la tutoría del jueves. Quién puede llevarla el viernes se decide mirando la pantalla, no preguntando.

    • Una cita, un solo sitio
    • El aviso llega a los dos móviles
    • Los cumpleaños salen aquí sin apuntarlos
  4. 20:05

    Una foto al tique y la despensa se llena sola

    Doce productos escritos a mano son cinco minutos de teclado, y por eso no se hacen nunca. La IA los lee de la foto y propone además cuánto dura cada cosa —lo que no sabe fechar lo deja en blanco, que es lo honesto—.

    • Una foto, doce productos
    • Las caducidades vienen propuestas
    • Nada entra sin que lo confirmes
  5. 20:30

    Una compra, tres cosas hechas

    Se marca lo comprado, la despensa se repone con sus fechas y el gasto queda apuntado y repartido, todo en la misma transacción. Un gesto, no tres pantallas — y el céntimo que no cuadra se reparte en vez de perderse.

    • La despensa se repone sola
    • El gasto se reparte al apuntarlo
    • El céntimo suelto se reparte, no se pierde

Al final del día

0recados sueltos en el grupo de WhatsApp
1agenda que ven los dos, con lo del colegio dentro
84,37 €repartidos al céntimo, sin abrir la calculadora

Ninguna de las cinco cosas de arriba es una función que haya que aprender: es el mismo martes de siempre, escrito en un sitio donde deja de depender de que alguien se acuerde.

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Caso 2 · Un piso compartido

El mes que se cierra con tres transferencias

Marta, Luis, Diego y Ana — cuatro habitaciones y una cocina

Cuatro personas que se llevan bien y que discuten por lo mismo que todo el mundo: quién puso qué, quién limpió el baño y de quién era el turno de la basura. No es mala voluntad, es que no está escrito en ninguna parte.

En treinta segundos

En un piso de cuatro se mueven unos 400 € al mes en gastos comunes y ninguna hoja de cálculo sobrevive a febrero: se abandona porque mantenerla es trabajo de una persona para beneficio de cuatro. Aquí cada gasto se reparte en el momento de apuntarlo —diez segundos, desde el móvil, mientras se paga— y el saldo lo calcula la aplicación, no nadie. Al cierre no hay que negociar nada: la pantalla dice quién le paga a quién y cuánto, con el mínimo de transferencias posible.

Antes

  • La hoja de cálculo de enero que en marzo ya no abre nadie.
  • Pagos cruzados: tú a Marta, Marta a Luis, Luis a ti.
  • El baño lo limpia siempre quien menos aguanta el desorden.

Un mes en el piso

  1. Día 1

    Llega la luz y se reparte al apuntarla

    Diez segundos: importe, quién lo pagó y entre quiénes va. El saldo de los cuatro se recalcula al momento, y ese saldo es lo que ha puesto cada uno menos lo que le correspondía — no una cifra que alguien lleve a mano.

    • Importe, quién pagó y entre quiénes
    • El saldo se recalcula al momento
    • Se puede repartir entre tres, no siempre cuatro
  2. Día 3

    Te enteras el día que se paga, no a fin de mes

    El aviso llega solo a quien entra en ese reparto, con lo que le toca. Es la diferencia entre discutir un gasto el día que ocurre —cuando todavía se puede— y descubrirlo en una lista de catorce el día 30.

    • Aviso solo a quien entra en el reparto
    • Con el importe que le toca
    • Se discute el día 3, no el día 30
  3. Día 6

    El turno aparece solo, a nombre de quien toca

    Basura, baño y cocina se crearon una vez con su periodicidad. Cada semana rotan sin que nadie tenga que acordarse ni volver a repartirlos, y cada uno ve lo suyo con su fecha en su propia pantalla.

    • Se crearon una vez, con su periodicidad
    • Rotan sin que nadie los reparta
    • Se marca hecha desde cualquier pantalla
  4. Día 14

    El salón lo reserva quien lo pide primero

    Marta tiene cena el viernes. Lo reserva y deja de ser una conversación de grupo. Que dos personas no puedan coger el mismo hueco no lo comprueba la aplicación: lo impide la base de datos, que es lo único que aguanta dos móviles pulsando a la vez.

    • Lo común se pide, no se negocia
    • Dos reservas a la vez son imposibles
    • De 20 a 22 y de 22 a 23 no se pisan
  5. Día 22

    En qué se va el dinero del piso

    Catorce gastos en tres semanas, sumados por concepto sin que nadie los haya clasificado a mano. Es la pantalla que contesta «¿por qué este mes ha salido tan caro?» sin que la pregunta acabe en una discusión.

    • Catorce gastos, sumados solos
    • Sin hoja de cálculo que mantener
    • Lo ve cualquiera del piso, cuando quiera
  6. Día 30

    Se cierra el mes y todo el mundo a cero

    Nadie suma nada. De los cuatro saldos sale el camino más corto para dejarlos a cero: nunca más de una transferencia por persona menos una. Cuatro personas y tres transferencias, en lugar de los doce pagos cruzados de siempre.

    • Saldo = lo que puso − lo que le tocaba
    • El camino más corto para saldar
    • Nunca más de n−1 transferencias

Al cerrar el mes

3transferencias en vez de doce pagos cruzados
0hojas de cálculo que mantener
4personas viendo el mismo saldo, en directo

En todo el mes ninguna de las cuatro personas ha tenido que sumar nada ni perseguir a nadie. Eso es lo que hace que en marzo se siga usando, que es donde mueren todas las hojas de cálculo.

Caso 3 · Un piso alquilado

El año entero, sin buscar nada en el WhatsApp

Elena alquila un piso en Zaragoza. Samuel vive en él.

Aquí no hay convivencia: hay un contrato y dos partes con intereses distintos en los tres momentos que importan —la fianza, los desperfectos y la subida de renta—. Todo lo que se escriba ahora es lo que habrá el día que haga falta.

En treinta segundos

Un alquiler no se lleva mal por dejadez: se lleva mal porque los papeles que hacen falta el día del problema —el estado del piso al entrar, qué se pagó y cuándo, quién arregló qué y por cuánto— se generan repartidos en doce meses y en cuatro aplicaciones distintas. Esto los junta según se producen, sin trabajo extra: el recibo sale del contrato, la avería queda con su coste y su hilo, y el acta de salida se rellena copiando la de entrada. En diciembre la fianza se liquida enseñando de dónde sale cada euro, y en abril el año está sumado por conceptos para la gestoría.

Antes

  • El contrato en el correo y el certificado en una carpeta del ordenador.
  • «¿Este mes ha pagado?», mirando el banco de memoria.
  • La fianza: tres meses de discusión sobre cómo estaba el piso al entrar.

Un año en la propiedad

  1. Enero

    Se levanta el acta de entrada, con fotos

    Estancia por estancia, con las lecturas de los contadores y el estado de cada cosa en cuatro escalones —no en dos—, porque el desgaste normal de cinco años es justo lo que no se puede descontar de una fianza y necesita casilla propia.

    • Estancia por estancia, con fotos
    • Cuatro estados, no «bien o mal»
    • La firma el inquilino desde su cuenta
  2. Cada mes

    El recibo sale solo, con su desglose

    Renta, comunidad y garaje por separado, sumados y con su PDF. Elena marca el cobro cuando entra y ve de un vistazo cuánto queda y con cuántos días de retraso; Samuel se descarga su recibo sin pedírselo, que es el que le hará falta para su declaración o para el banco.

    • Renta, comunidad y garaje por líneas
    • PDF que descargan las dos partes
    • El estado sale de lo cobrado, no se teclea
  3. Marzo

    Se rompe algo y la conversación queda dentro

    Samuel abre la avería con una foto —«hay una mancha» no le dice nada a quien tiene que decidir si llama al fontanero o al seguro—. Lo que se habla ahí, con su fecha, es lo que en diciembre explica por qué se descuenta lo que se descuenta.

    • La abre el inquilino, con foto
    • Cuatro estados: entre abierta y arreglada hay un rato
    • Abrir es de cualquiera; resolver, no
  4. Mayo

    Los papeles avisan antes de caducar, no después

    El seguro, el certificado energético, el boletín de la caldera. Cada uno con su fecha y tres avisos —un mes, una semana y el propio día—, porque un seguro que vence mañana ya no se renueva a tiempo. Lo marcado como reservado no lo ve el inquilino.

    • Tres avisos: un mes, una semana, el día
    • Lo reservado no lo ve el inquilino
    • El PDF vive en Documentos, no en el correo
  5. Junio

    La revisión de renta avisa un mes antes

    El contrato cumple un año en julio y la actualización solo procede si está pactada y notificada. Elena teclea el índice que dice su contrato —el producto no lo calcula, y eso está dicho— y de ahí sale la carta de notificación en PDF, con su fecha.

    • Solo si el contrato lo pacta
    • El índice lo teclea quien arrienda
    • Sale la carta de notificación en PDF
  6. Diciembre

    La fianza se devuelve con el desglose delante

    El acta de salida se rellena copiando la de entrada, así que lo que se compara es cosa por cosa contra cómo estaba. Lo que se descuenta sale de una avería cerrada con su fecha y su importe: una retención demostrable, no una cifra dictada al final.

    • El acta de salida copia la de entrada
    • El descuento sale de una avería cerrada
    • El desglose le llega por correo el mismo día

Al cerrar el año

12recibos en PDF, ninguno escrito a mano
1resumen del ejercicio para la gestoría
760,00 €devueltos con el porqué por escrito

Nada de esto se hizo en diciembre: se fue escribiendo en el momento en que ocurría, que es la única forma de que en diciembre exista. Cuando el inquilino se va pierde el acceso a la propiedad, pero sus recibos siguen siendo suyos.

hogarify ordena, no asesora: no redacta contratos, no comprueba la ley, no decide qué índice se aplica —lo teclea quien arrienda— y no presenta nada ante Hacienda.

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